martes, 26 de marzo de 2013

Las posibles vidas



Cuántas vidas caben en una posible persona, es algo tan inconmensurable como intentar atisbar cuántos números primos existen. Simplemente no se puede.
A cada paso que damos vemos las distintas opciones que se abren a nuestros pies en abanico, y nos preguntamos qué sería de nuestro camino si hubiéramos optado por aquella dirección en vez de por esta otra.

Un fantasma dijo una vez, que no era bueno hacerse esa clase de preguntas. El pasado jamás cambiaría, y recrearse demasiado en él, fantaseando con las líneas paralelas temporales que nos habrían hecho vivir otras decisiones no nos iba a hacer más que perder tiempo. Y objetivamente, es una gran verdad.

Ya sea una madre primeriza que observa como su vida cambiará por completo desde el primer momento en que mira a su bebé a la cara, o el joven que firma el contrato de una hipoteca; vemos aterrados como a lo largo de un pasillo lleno de puertas abiertas, todas se van cerrando menos aquella por la que apostamos.

A cada paso, cada decisión, cada pequeño o gran acto, nos alejan de todo lo que podría haber sido y nos a cerca a lo que al final será.

Por la vida hay que apostar. Hay que apostar muy en serio. Porque lo mismo que tiene de maravillosa lo puede tener de puta y, aunque hay personas que una y otra vez volverán a ti... hay barcos a los que un "adiós" en un momento de enfado servirán para alejar de nosotros de por vida.

Cuando uno se cobija en el halo de la cómoda indecisión no se da cuenta de que aquellos "stand by" que está generando, flaco favor le hacen a la hora de seguir viviendo. Sólo se vive una vez. Una vida.
Los eternos ratos de indecisiones que nos hacen no frustrarnos al decidir y apostar por algo, nos arrebatan aquello que por otro lado pensamos que estamos ganando: tiempo.

El tiempo, ese mismo que pasamos horas y horas malgastando, es el mismo que tan voluntariosamente ofrecemos a agendas y planes que ni nos convencen ni nos encantan.
Cuánto más vale el tiempo que el dinero. Y cuánto parecemos no entenderlo. Tiempo.
Es lo único que al final cuenta.
EL tiempo que podamos vivir y el que cuando hayamos vivido podamos recordar.

Tiempo para amar. Para pelear. Para correr. Para olvidar. Para curar. Para reír. Para follar. Para vivir. Tiempo.

Tiempo para entender que nunca es tarde para ser quienes realmente queremos ser y para apostar por aquello en lo que tenemos fe.

Of Monsters and Men - King and Lionheart


No hay comentarios:

Publicar un comentario